En muchos aspectos Japón es un ecosistema cerrado, separado del resto del mundo por su condición insular, por su historia, cultura y en gran medida también por el idioma. Japón resulta bastante impermeable a influencias externas y en muchas ocasiones tampoco tiene demasiado interés en mostrarse lejos de sus fronteras.
Uno de los campos donde es más evidente esta separación es el de la tecnología. Las empresas japonesas disfrutan de un mercado interior de más de cien millones de personas y además no deben preocuparse excesivamente por la competencia externa, en ocasiones menos avanzada tecnológicamente y con problemas para adaptarse al idioma y cultura del país.
Recuerdo una conversación que mantuve, hace muchos años, con un amigo que regresaba de pasar unos días en casa de un familiar que trabajaba en Tokio. Este amigo me contaba que los japoneses usaban internet en el móvil a varios megabits por segundo, que no mandaban SMS sino emails, que todos los móviles traían cámara y GPS y que se estaba poniendo de moda anunciar cualquier evento con un código cuadrado colocado en los carteles que podías escanear con tu cámara.
Yo miraba mi Nokia con su minipantalla monocroma y pensaba que tenía que estar exagerando. Pero poco tiempo después mostraron en televisión la llegada de un equipo de fútbol a Japón y a miles de japoneses en el aeropuerto con los móviles en alto sacando fotos, una imagen que hoy nos resulta normal pero que en ese momento era ciencia ficción.
En un mundo globalizado como el nuestro ¿cómo era posible que Nokia o Motorola nos vendieran móviles que estaban años atrás de sus equivalentes nipones, teniendo estos un mercado mucho más pequeño? ¿Y por qué no los distribuían también en occidente arrasando a las empresas de aquí?
Probablemente porque ellos tenían los mismos problemas para vender sus móviles fuera que las compañías extranjeras para hacerlo en Japón.
Con la informática pasó algo similar. Muchos ordenadores fueron comercializados únicamente en el mercado japonés y sólo se podían conseguir de importación, al mismo tiempo que los japoneses desechaban los modelos occidentales que no estaban preparados para mostrar sus caracteres especiales ni tenían software específico.






